¿Alguna vez han aprendido una fea verdad de un amigo o familiar? ¿Han pensado: «¿Cómo puedo seguir adelante sabiendo que esta persona no es quien yo pensaba que era?» o «¿Cómo puedo hablarle si sé lo que esta persona me ha hecho?».
En las Escrituras, Jesucristo nos manda a perdonar, y eso puede ser muy difícil cuando nos han hecho daño.
Algo que me ha ayudado mucho en estos años es saber que perdonar no es lo mismo que olvidar. Podemos tener un conocimiento de los hechos y cómo nos han afectado, y aun así decidir que no nos pertenece juzgar como seres humanos imperfectos. Podemos perdonar e igual poner una denuncia. Podemos perdonar y decidir un límite de distancia entre familiares. Podemos perdonar y decidir que una relación no es para nosotros.
El perdón no es una tarjeta verde para que la otra persona nos siga haciendo daño. El perdón es un regalo de Dios hacia la persona que sufrió a manos del otro, para no cargar con los pecados de los demás.
Es mi pensar que eso requiere un nivel de gratitud. Porque en medio de todo el dolor que sufrimos a manos de los demás, Dios piensa en nosotros. Y no solo nos trae justicia eventualmente, sino que nos da el conocimiento como fuente de gratitud para saber que Él piensa en nosotros y desea que nuestra carga sea más ligera. Todo esto es gracias a la Expiación de Jesucristo y Su amor infinito.
La manera más rápida de llegar a la gratitud en medio de la tribulación es con la oración y escribir en un diario. Si escribimos los deseos más profundos de nuestro corazón, podemos ver que, aun en medio del dolor, hay a nuestro alrededor muchísimas bendiciones y personas maravillosas que hacen de nuestra travesía por esta vida una gran bendición.
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